Manao Tupapau

El Aquelarre y las Brujas Voladoras de Francisco de Goya.
Algo que me gusta mucho de Francisco de Goya es su capacidad para dejarnos como cartas en la mesa la forma en la que se sentía a través de los sucesos de su vida. Entendemos a Goya, Goya empatiza con cada uno de nosotros su desdicha y su gracia, y me encantan sus brujas.
Lo que me gusta más, es el concepto bajo el cual Goya resguarda todo éste esoterismo, y lo macabro que luce el transe de lo orgánico.
Creo que toda cuestión esotérica es cuestión orgánica, todas las bases de ésto se encuentra en la naturaleza, y me gusta mucho, así como puedo estar enamorada de Los Músicos de Caravaggio, o como Manao Tupapau de Gauguin, llega Goya con El Aquelarre y el Vuelo de Brujas.
El pequeño perro atrapado en su propia desgracia, pero supongo que ahorita nos encontramos más como una bruja voladora que le celebra bajo la luna que como un perro que no puede escaparse del hoyo al que cayó.
“El sueño de la razón produce mounstros” ¿Qué mejor? El sueño de la razón atormenta, más haya del sueño, y produce, como alimenta mounstros, somos ilusos, por que somos más felices siendo ilusos, y creo que finalmente no se nos puede catalogar como ilusos cuando decidimos aceptar que una circunstancia está envuelta de un montón de variables posibles que la hacen realidad tal y como es, y no importa que tan disparatado o irreal sea, lo cierto es que es una variable, ¿qué tan poca imaginación se puede tener? Todo es bien irrefutable.
Y me gusta, me gusta que las Brujas Vuelen, y que Celebren, me gustan los colores a través de la oscura visión de Goya a partir de sus malos ratos, la ciega alegría de un hecho irrefutable pero carente de explicaciones, la transición de las horas, el pánico de la razón, que por ser razón produce mounstros que son resonancia en la cabeza de quien la busca.

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